martes, 8 de diciembre de 2009

Una decisión incómoda




Esta mañana leía en un diario digital, una entrevista al autor de una de las pocas biografías que narra la vida de Victoria Kent.

El valor de esta abogada fue mayor que el de cualquier personaje de la época, ya que no sólo tuvo que lidiar con su condición de mujer en una sociedad machista, atrasada, inculta e ignorante, sino que tuvo que batallar contra sus propias compañeras. Para poder explicar una decisión que era muy poco popular. Como una mujer que había llegado a ser diputada, se negaba a que las mujeres votasen.
Desde la perspectiva que da el paso de las décadas, creo que los hechos le han dado la razón.

Tristemente las mujeres vivían en esa época y desde tiempos inmemorables, bajo el yugo de su padre, luego del clero y su marido que eran los que acababan dictaminando lo que debía (o no) hacer.
Por eso, entiendo la posición que defendió Victoria Kent y creo que era lo más consecuente que se podía hacer, anteponer los valores políticos, de futuro y compromiso de toda una clase oprimida, a sus propias convicciones personales.
Sabía las circunstancias que rodeaban a sus coetáneas, su lamentable estado de sumisión, su incapacidad de poder elegir libremente, dado que no tenían las herramientas necesarias para poder elegir. No habían recibido una educación que les permitiese valorar de una forma objetiva, libre, sin prejuicios y sin ningún tipo de presión externa que opción política les interesaba. No hablo de adoctrinamiento desde la educación, yo defiendo la capacidad de razonamiento que otorga la educación y lo necesaria que es esta misma, para que luego pudiesen escoger.
Por ello, entiendo que faltó un trabajo social previo que hubiese llevado a una emancipación intelectual de mujer.

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