Estas semanas hemos podido leer como en Islandia prohibían por ley la desigualdad salarial. Una reportera de la BBC se despedía por cobrar menos que sus homólogos chicos o como las actrices hacían una intensa defensa de los derechos de la mujer en los Globos de Oro.
Pero en esta piel de toro la vida sigue igual. Seguimos herméticos a estas noticias. Las mujeres siguen trabajando dos meses gratis para sus patrones. Siguen muriendo semanalmente a mano de sus parejas, que pueden esquivar las leyes para matarlas, amedrentarlas, maltratarlas o humillarlas.
Seguimos inmersos en una sociedad donde el machismo muestra su ignorancia orgullosamente en Internet.
Y como herramienta para acabar con esta lacra, solo vemos los días señalados anuncios y declaraciones institucionales, o emotivos mensajes acompañados de lazos morados, por parte de algún político, cuando muere otra mujer.
Pero el Estado y los partidos siguen sin querer erradicar el problema. Siguen dando pábulo al machismo más rancio, retrógrado y carpetovetónico que germina en las huecas mentes de muchos españoles.
Ya que con su inacción, podemos ver cómo se trata a las chicas como reclamo publicitario en locales nocturnos, al invitarlas a barras libres. Podemos ver cómo cobran menos por el mismo trabajo. Cómo se les valora su belleza y no sus méritos. Cómo se llenan hojas y hojas de revistas en hacer sesudos estudios sobre cómo tener el pelo hidratado o lo guapa que está tal o cual famosa, pero ni una palabra sobre como luchar contra la discriminación, por ejemplo.
Mucho nos queda por mejorar en este aspecto en España, si realmente queremos abogar por una igualdad real y efectiva. Muchos aspectos deben transformarse si no queremos seguir lamentando 60 muertes cada año. Mucho hay que bregar si queremos cobrar todos lo mismo, sin importancia del sexo de cada uno.
Esperemos que este año sea un punto de inflexión, pero no podemos delegar en el gobierno. Debemos exigirles, con todos los medios a nuestro alcance, que actúen y legislen para conseguir la igualdad real y efectiva. Y de paso,que la caverna rancia que habita en Internet se extinga.
¿por qué este nombre? hace tiempo escuché esta expresión y pretendo ser sincero, aunque sea molesto... como gatos en el estómago. bienvenidos a éste, mi experimento
sábado, 20 de enero de 2018
sábado, 13 de enero de 2018
Ser progre-guay
En este cambio de año, deseo con anhelo que la izquierda dejemos de querer ser progres guays y, de verdad, sepamos cuáles son nuestros retos y qué causas debemos rehusar.
Para así, evitar ridículos como es meternos en batallas nacionalistas entre burgueses por defender Estados burgueses imaginarios contra Estados burgueses centralistas.
Porque es vergonzoso ver como la izquierda se ha olvidado que el principal fin de nuestras organizaciones, sería defender los intereses de la clase obrera, desde el principio de la solidaridad internacional. Pero seguimos empeñados en creernos las mentiras de las fronteras. Para, en consecuencia, mirarnos el ombligo y creer que hay pueblos oprimidos en España, como si estos fuesen el pueblo saharaui.
No podemos aceptar que las formaciones de izquierdas prioricen disputas entre burgueses, como parte de la lucha obrera. Cuando lo prioritario es darse cuenta que la hipotética República catalana, no será más que un Estado de derechas ideado y engendrado para responder a los intereses de la burguesía catalana. Tan solo repasando la historia, tan solo repasando las clases básicas de ciencias políticas, podemos discernir que es una lucha de derechas. En la que la izquierda debería saber posicionarse, no con los independentistas, si no con la clase obrera. Para luchar porque la sanidad catalana no estuviese en manos de empresas e intereses privados. Para que la educación pública no fuese un gueto desprestigiado e infradotado. Y que los servicios sociales fuesen públicos y no los gestionasen fundaciones de oscuro patronazgo.
Pero, en vez de eso, y solo por inquina a Rajoy, hemos decidido,de forma torpe, encabezar una causa ajena: la nacionalista catalana.
De esta manera, espero que algún día alguien abra un viejo libro de Marx, de socialismo y se avergüence de haber hecho causa por un Estado y no por la clase que supuestamente deberían haber representado.
Para así, evitar ridículos como es meternos en batallas nacionalistas entre burgueses por defender Estados burgueses imaginarios contra Estados burgueses centralistas.
Porque es vergonzoso ver como la izquierda se ha olvidado que el principal fin de nuestras organizaciones, sería defender los intereses de la clase obrera, desde el principio de la solidaridad internacional. Pero seguimos empeñados en creernos las mentiras de las fronteras. Para, en consecuencia, mirarnos el ombligo y creer que hay pueblos oprimidos en España, como si estos fuesen el pueblo saharaui.
No podemos aceptar que las formaciones de izquierdas prioricen disputas entre burgueses, como parte de la lucha obrera. Cuando lo prioritario es darse cuenta que la hipotética República catalana, no será más que un Estado de derechas ideado y engendrado para responder a los intereses de la burguesía catalana. Tan solo repasando la historia, tan solo repasando las clases básicas de ciencias políticas, podemos discernir que es una lucha de derechas. En la que la izquierda debería saber posicionarse, no con los independentistas, si no con la clase obrera. Para luchar porque la sanidad catalana no estuviese en manos de empresas e intereses privados. Para que la educación pública no fuese un gueto desprestigiado e infradotado. Y que los servicios sociales fuesen públicos y no los gestionasen fundaciones de oscuro patronazgo.
Pero, en vez de eso, y solo por inquina a Rajoy, hemos decidido,de forma torpe, encabezar una causa ajena: la nacionalista catalana.
De esta manera, espero que algún día alguien abra un viejo libro de Marx, de socialismo y se avergüence de haber hecho causa por un Estado y no por la clase que supuestamente deberían haber representado.
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miércoles, 27 de diciembre de 2017
Mentid, malditos
Estamos acostumbrados a buscar patrones que se adapten nuestra realidad y que de esta manera nuestro mundo mental sea cómodo. Dado que así nos damos la razón y nos reafirmamos en nuestras tesis.
Pero la hipérbole de esta situación es llegar a buscar mentiras y aceptarlas como tal. Buscando difundir falsas noticias, invenciones o rumores de escasa credibilidad, para así no tener que salir de nuestro frágil argumentario.
Estas situaciones con las redes sociales, no solo se ha hecho más patente, llegando al caso que es insoportable ver las mentiras burdas que circulan y se difunden de forma diaria y constante, en Twitter, Facebook y demás webs. Si no que se han hecho extensivas a profesionales de la información que llegan a no contrastar las informaciones que les llega, en forma de montajes o bien, son partícipes de la creación, o falsificación de las mentiras.
Para rematar, cuando encontramos a políticos, o personajes relevantes de la sociedad que se hacen eco o, también, difunden estos bulos. Con el único fin de seguir alimentando su débil discurso con mentiras que las crédulas mentes seguidistas que tienen, le retroalimentan.
Personalmente, estas últimas situaciones me parecen de una gravedad absoluta, porque estamos permitiendo que se creen mentiras, o se difundan bulos (que a la postre suelen ser fácilmente desmontables) de forma impune y sin que nadie se sonroje, por mentirnos, por engañarnos, por manipularnos, a la postre. Para de esta manera conseguir, ellos, un fin personal, político o comercial.
En consecuencia, asumimos sus mentiras como reales y permitimos que nos engañen y moldeen nuestra realidad, de una forma dócil y burda.Sin exigirles un mayor rigor en su empeño profesional y, a la vez, una mayor exigencia por cubrir, o dar pábulo a bulos que de antemano saben que son falsos.
Así que de esta forma: mentid malditos.Que nos gustan vuestras mentiras y nuestra ignorancia.
Pero la hipérbole de esta situación es llegar a buscar mentiras y aceptarlas como tal. Buscando difundir falsas noticias, invenciones o rumores de escasa credibilidad, para así no tener que salir de nuestro frágil argumentario.
Estas situaciones con las redes sociales, no solo se ha hecho más patente, llegando al caso que es insoportable ver las mentiras burdas que circulan y se difunden de forma diaria y constante, en Twitter, Facebook y demás webs. Si no que se han hecho extensivas a profesionales de la información que llegan a no contrastar las informaciones que les llega, en forma de montajes o bien, son partícipes de la creación, o falsificación de las mentiras.
Para rematar, cuando encontramos a políticos, o personajes relevantes de la sociedad que se hacen eco o, también, difunden estos bulos. Con el único fin de seguir alimentando su débil discurso con mentiras que las crédulas mentes seguidistas que tienen, le retroalimentan.
Personalmente, estas últimas situaciones me parecen de una gravedad absoluta, porque estamos permitiendo que se creen mentiras, o se difundan bulos (que a la postre suelen ser fácilmente desmontables) de forma impune y sin que nadie se sonroje, por mentirnos, por engañarnos, por manipularnos, a la postre. Para de esta manera conseguir, ellos, un fin personal, político o comercial.
En consecuencia, asumimos sus mentiras como reales y permitimos que nos engañen y moldeen nuestra realidad, de una forma dócil y burda.Sin exigirles un mayor rigor en su empeño profesional y, a la vez, una mayor exigencia por cubrir, o dar pábulo a bulos que de antemano saben que son falsos.
Así que de esta forma: mentid malditos.Que nos gustan vuestras mentiras y nuestra ignorancia.
jueves, 21 de diciembre de 2017
Tertulias de microondas.
Esta pasada semana, una interesante columna de opinión, me rescataba de algún rincón de mi memoria, un tema que llevo tiempo observando: la vacuidad de los debates televisivos, la superficialidad de las noticias y, por ende, el poco rigor ideológico de las actuaciones políticas.
Ya que podemos observar como la política (y sus shows mediáticos) se puede resumir en un eslogan, en un titular o en un meme. Y con esos 140 caracteres nos quedamos satisfechos. No pedimos más profundidad, no exigimos que amplien sus ideas, que debatan y argumenten, que sepan razonar, en definitiva. Nos venden ideas precocinadas que después nosotros repetimos, hasta que llega el siguiente meme y lo repetimos como el nuevo mantra.
No tenemos un análisis sosegado de noticias, no sabemos debatir en profundidad sobre la realidad que nos rodea. Hemos perdido las referencias intelectuales que eran una voz visible para ahondar en los debates. Porque en los medios de comunicación solo nos ofrecen malos platos de cocina de microondas. Con opinólogos que repiten los eslóganes y chascarrillos que sus partidos les dictan diariamente.
Así podemos encontrar que el intenso debate ideológico que debería ser el alma de las tertulias políticas, se convierte en una altanera barra de bar llena de voceros y charlatanes que llenan los programas de frases simplonas y gracietas pueriles.
Pero lo que más me preocupa, ya no es solo que el nivel mediático sea tan pobre, Si no que este debate superfluo, infantil y mediocre se haya instalado en nuestras propias mentes y no seamos capaces de leer, contrastar y formarnos. Para, en definitiva, ser más críticos, más perspicaces con el poder político y más exigentes con las acciones de los gobiernos.
Ya que podemos observar como la política (y sus shows mediáticos) se puede resumir en un eslogan, en un titular o en un meme. Y con esos 140 caracteres nos quedamos satisfechos. No pedimos más profundidad, no exigimos que amplien sus ideas, que debatan y argumenten, que sepan razonar, en definitiva. Nos venden ideas precocinadas que después nosotros repetimos, hasta que llega el siguiente meme y lo repetimos como el nuevo mantra.
No tenemos un análisis sosegado de noticias, no sabemos debatir en profundidad sobre la realidad que nos rodea. Hemos perdido las referencias intelectuales que eran una voz visible para ahondar en los debates. Porque en los medios de comunicación solo nos ofrecen malos platos de cocina de microondas. Con opinólogos que repiten los eslóganes y chascarrillos que sus partidos les dictan diariamente.
Así podemos encontrar que el intenso debate ideológico que debería ser el alma de las tertulias políticas, se convierte en una altanera barra de bar llena de voceros y charlatanes que llenan los programas de frases simplonas y gracietas pueriles.
Pero lo que más me preocupa, ya no es solo que el nivel mediático sea tan pobre, Si no que este debate superfluo, infantil y mediocre se haya instalado en nuestras propias mentes y no seamos capaces de leer, contrastar y formarnos. Para, en definitiva, ser más críticos, más perspicaces con el poder político y más exigentes con las acciones de los gobiernos.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Un país absurdo
Me niego a creer que la voz de la sociedad sea el morbo y la sangre. La de unos seres nacidos en el Medievo, que no reconocen derecho social alguno y aprovechan el circo de confusión que se crea desde los medios de comunicación, para esparcir su odio, ignorancia y desprecio. En forma de eslóganes simplones, a la vez que patéticos y vetustos.
Me niego a creer que seamos tan catetos como para alentar a unos supuestos criminales y culpabilizar a las víctimas de violencia machista, por: "como vestían o por como actuaban".
No puedo entender que nadie entienda, el escarnio público al que está siendo sometida la última víctima de la barbarie machista. Porque nadie en su sano juicio se imagina un paralelismo entre ella y un afectado por un atentado terrorista o un secuestro, por ejemplo.
"¿Hizo usted todo lo posible por escapar de su agresor?" le preguntaría el letrado "¿Por qué llenó luego su Instagram de fotos con sus amigos, de verdad que está afectado por el secuestro?"
Seguramente estas preguntas nos parecen kafkianas propias del mejor guion de Buñuel. Pero si pensamos que estas preguntas se pueden realizar en un juicio por violación, tal vez resulte que vivimos en un país absurdo e insensible con la víctima.
No puedo creer que, ante estos hechos, estos seres ameboides expelan su odio hacia las mujeres, de forma tan impune por internet. Mientras se acosa a la víctima en el juicio, se le insulta a ella y a todas las mujeres, de forma gratuita en Twitter. Y además, los cabestros de la manada salen vitoreados de la plaza, cuando se siembran sombras de sospecha sobre la violada.
Me niego a creer que hayamos retrocedido al Medievo, que estemos perdiendo valores sociales consolidados en estas últimas décadas. Me indigna pensar que seamos tan palurdos como para llamarlas feminazis y denostar su (nuestra) lucha.
No puedo entender que viva en un absurdo país que permite la violencia contra las mujeres, amparando en horribles tópicos y lamentables clichés a los agresores.
Me niego a creer que seamos tan catetos como para alentar a unos supuestos criminales y culpabilizar a las víctimas de violencia machista, por: "como vestían o por como actuaban".
No puedo entender que nadie entienda, el escarnio público al que está siendo sometida la última víctima de la barbarie machista. Porque nadie en su sano juicio se imagina un paralelismo entre ella y un afectado por un atentado terrorista o un secuestro, por ejemplo.
"¿Hizo usted todo lo posible por escapar de su agresor?" le preguntaría el letrado "¿Por qué llenó luego su Instagram de fotos con sus amigos, de verdad que está afectado por el secuestro?"
Seguramente estas preguntas nos parecen kafkianas propias del mejor guion de Buñuel. Pero si pensamos que estas preguntas se pueden realizar en un juicio por violación, tal vez resulte que vivimos en un país absurdo e insensible con la víctima.
No puedo creer que, ante estos hechos, estos seres ameboides expelan su odio hacia las mujeres, de forma tan impune por internet. Mientras se acosa a la víctima en el juicio, se le insulta a ella y a todas las mujeres, de forma gratuita en Twitter. Y además, los cabestros de la manada salen vitoreados de la plaza, cuando se siembran sombras de sospecha sobre la violada.
Me niego a creer que hayamos retrocedido al Medievo, que estemos perdiendo valores sociales consolidados en estas últimas décadas. Me indigna pensar que seamos tan palurdos como para llamarlas feminazis y denostar su (nuestra) lucha.
No puedo entender que viva en un absurdo país que permite la violencia contra las mujeres, amparando en horribles tópicos y lamentables clichés a los agresores.
lunes, 13 de noviembre de 2017
el racismo se cura viajando
Viajar tiene muchos placeres: desconectar de la realidad a la que estamos habituados, desaparecer del trabajo, apagar el despertador por unos días o simplemente hacerse fotos de "envidia de la mala".
Pero además de todo esto, una de las ventajas de viajar es poder descubrirse a uno mismo. Mientras ves que la realidad de otros países, no es la que te han contado o la que hemos creado en nuestra cabeza previamente. Y esto es lo que me suele ocurrir cuando viajo a algunos países, de los que me suelen catalogar como: "raros".
Me explico, acabo de volver de un periplo de 20 días, donde he recabado en Londres y Rumanía, y la mayor parte de la gente se entusiasma con la idea de que haya estado en Londres y corren un tupido velo de silencio sobre Rumanía o me contentan, con cierto desdén: "¿Qué hay que hacer en Rumanía?"
Suelo responder, con toda la ironía que atesoro, que: "vender el cobre que me he llevado".
Sería sorprendente si solo hubiese vivido esta situación una vez. Pero se me ha ido repitiendo, durante estos últimos días, bastantes veces esta absurda conversación. Con lo que tengo que llegar a la reflexión que nuestros prejuicios hacia los rumanos, nos hace ver Rumanía como un país, poco atrayente, sin historia, ni interés alguno y sobre todo que debemos mantenernos alejados de ellos.
Por suerte la realidad es tozuda, y me ha enseñado estos días en Rumanía, que son un pueblo acogedor, educado, atento y derrochan simpatía. Además su país atesora una historia muy interesante, con una fascinante amalgama de influencias culturales que se pueden disfrutar al pasear por sus bulevares, o al hablar con ellos en cafés o plazas.
Y este debería ser el sentido de todos los viajes: aprender, descubrir y sentir el latido del país al que vas. No solo posar para las fotos de "envidia de la mala".
Solo de esta manera, podemos derribar los vetustos e injustos tópicos que se esparcen por nuestra sociedad. Para así, desde la humildad, tener una mente abierta a todos, sin importarnos pasaporte, religión o cualquier otro elemento superfluo.
Pero además de todo esto, una de las ventajas de viajar es poder descubrirse a uno mismo. Mientras ves que la realidad de otros países, no es la que te han contado o la que hemos creado en nuestra cabeza previamente. Y esto es lo que me suele ocurrir cuando viajo a algunos países, de los que me suelen catalogar como: "raros".
Me explico, acabo de volver de un periplo de 20 días, donde he recabado en Londres y Rumanía, y la mayor parte de la gente se entusiasma con la idea de que haya estado en Londres y corren un tupido velo de silencio sobre Rumanía o me contentan, con cierto desdén: "¿Qué hay que hacer en Rumanía?"
Suelo responder, con toda la ironía que atesoro, que: "vender el cobre que me he llevado".
Sería sorprendente si solo hubiese vivido esta situación una vez. Pero se me ha ido repitiendo, durante estos últimos días, bastantes veces esta absurda conversación. Con lo que tengo que llegar a la reflexión que nuestros prejuicios hacia los rumanos, nos hace ver Rumanía como un país, poco atrayente, sin historia, ni interés alguno y sobre todo que debemos mantenernos alejados de ellos.
Por suerte la realidad es tozuda, y me ha enseñado estos días en Rumanía, que son un pueblo acogedor, educado, atento y derrochan simpatía. Además su país atesora una historia muy interesante, con una fascinante amalgama de influencias culturales que se pueden disfrutar al pasear por sus bulevares, o al hablar con ellos en cafés o plazas.
Y este debería ser el sentido de todos los viajes: aprender, descubrir y sentir el latido del país al que vas. No solo posar para las fotos de "envidia de la mala".
Solo de esta manera, podemos derribar los vetustos e injustos tópicos que se esparcen por nuestra sociedad. Para así, desde la humildad, tener una mente abierta a todos, sin importarnos pasaporte, religión o cualquier otro elemento superfluo.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
La añoranza del comunismo y el fracaso de la democracia
Llevo muchos años viajando a países de la antigua URSS (o de su órbita política). A su vez, tengo algunos amigos y he tratado con gente de estos estados. Con ello, hay una reflexión que me hacen, eventualmente, y me sorprende:" Antes (con la URSS) no teníamos nada en el súper, pero teníamos trabajo y dinero. En cambio, ahora tenemos el súper lleno de galletas y bebidas, pero no tenemos dinero".
Sin duda, este silogismo no se cumple en todos los países, pero sí que está fuertemente arraigado en algunos de ellos.
Por ello, que gran parte de la población te haga esta reflexión, es un fracaso de la democracia existente y sus políticas. Porque los ciudadanos relacionan: democracia con falta de dinero, pobreza, paro y cierre de fábricas. Pero no lo aparejan con las libertades que deberían ir asociadas a ella. Y por el contrario, prefieren valorar positivamente que con el comunismo tenían dinero y trabajo (en su país), a la vez que ciertas comodidades de las que hoy no disfrutan.
En esta tesitura, deberían preguntarse qué democracia tienen en sus estados. Si es una democracia real que brinda oportunidades y libertades a los ciudadanos.
O por otra parte, se parece más a una democracia/capitalista. La cual, bajo el paraguas de unas elecciones regulares, el sistema capitalista tenía como único fin aumentar su nicho de mercado en países donde hasta entonces no podía llegar.
Tal vez, ellos perciban esta segunda opción y sientan que nunca han tenido una verdadera democracia. Ya que cambiaron a un dictador con bigote y rancio traje militar, por un dictador que va insertado en los billetes de 100€.
Sin duda, este silogismo no se cumple en todos los países, pero sí que está fuertemente arraigado en algunos de ellos.
Por ello, que gran parte de la población te haga esta reflexión, es un fracaso de la democracia existente y sus políticas. Porque los ciudadanos relacionan: democracia con falta de dinero, pobreza, paro y cierre de fábricas. Pero no lo aparejan con las libertades que deberían ir asociadas a ella. Y por el contrario, prefieren valorar positivamente que con el comunismo tenían dinero y trabajo (en su país), a la vez que ciertas comodidades de las que hoy no disfrutan.
En esta tesitura, deberían preguntarse qué democracia tienen en sus estados. Si es una democracia real que brinda oportunidades y libertades a los ciudadanos.
O por otra parte, se parece más a una democracia/capitalista. La cual, bajo el paraguas de unas elecciones regulares, el sistema capitalista tenía como único fin aumentar su nicho de mercado en países donde hasta entonces no podía llegar.
Tal vez, ellos perciban esta segunda opción y sientan que nunca han tenido una verdadera democracia. Ya que cambiaron a un dictador con bigote y rancio traje militar, por un dictador que va insertado en los billetes de 100€.
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