martes, 3 de diciembre de 2019

La salud está ligada al código postal.

Los nuevos estudios sanitarios “se han centrado en la correlación entre el lugar donde vive la gente (es decir, el código postal) y su calidad y duración de vida. En varias ciudades de Estados Unidos, la esperanza de vida promedio en ciertas comunidades es de 20 a 30 años menor que la de las que se encuentran a sólo unos kilómetros de distancia. En general, las disparidades de salud se basan en una interacción de factores raciales, económicos, educativos y otros factores sociales.”



Así de contundente se mostraba uno de los centenares de estudios internacionales que hablan sobre la relación entre el código postal y los datos de salud de cada barrio.

Estos viene a indicar que el nivel de vida, educativo, económico y social de cada barrio determina el nivel de salud (y hasta la esperanza de vida) de cada barrio, con impactantes variaciones entre ellos.

Por tanto, es imprescindible acabar con las desigualdades sociales y económicas entre los barrios de una misma ciudad, para así mejorar de una forma global y completa la calidad de vida de todos los ciudadanos. Porque no solo hablamos de trabajo, acceso a la vivienda, proyectos de futuro, familia u ocio. Sino que todos los estudios que llevan casi una década saliendo nos muestran una clara relación entre desempleo y pobreza con una menor esperanza de vida.



En consecuencia estos estudios hablan, muy claramente, de la necesidad de realizar verdaderas políticas sociales y progresistas, para que no solo disminuyan las desigualdades sociales, se brinden mejores oportunidades laborales, si no que además los determinantes de salud mejoren, de forma indirecta, con los innegables beneficios que ello conlleva.



En este contexto, no podemos mirar hacia otro lado, debemos ser responsables y actuar en consecuencia. Porque cada acción (o inacción) política conlleva un posible sufrimiento, una vida penosa, o la imposibilidad de una segunda oportunidad laboral, social o educativa. Además de la dificultad de mejorar las condiciones de vida y el futuro de cada ciudadano que lo pueda necesitar. Siendo esto responsabilidad directa, sin ningún género de dudas, de todos los actores políticos que tienen responsabilidades, desde ayuntamientos, hasta el gobierno central.





viernes, 8 de noviembre de 2019

"¡Votad, malditos!...

… pero bien”, pensará a estas horas Pedro Sánchez.

Después del: “Con Rivera, no” que le corearon en Abril los militantes del PSOE y viendo frustradas sus opciones de pactar “con Rivera, sí”. Andará preocupado a estas alturas de la campaña viendo que sus sumas no salen… ¿o sí?

Porque damos por sentado que todo el nudo que nos ha conducido a estas nuevas elecciones ha sido el nulo interés, que siempre ha tenido, de pactar con la izquierda y el (mal)disimulado interés que tenía por pactar con la derecha naïf.

Pero puede que a él le importe muy poco con que derecha pactar, y esté buscando un sustituto a Ciudadanos ahora que se hunden y ese globo se desinfla. Pudiendo ser que el recambio, sea su otrora “gran rival”; los populares. Y ambos juntos por la causa se alíen para salvar al país de: una ley de vivienda que garantice el precio de la misma, de una reforma laboral que nos devuelva derechos, de una reforma de las pensiones que revalorice las pensiones con el IPC, de una fuerte inversión en educación y sanidad pública. De un sistema que garantice que se aplica de forma eficaz la Ley de Dependencia, de una reforma estructural que acabe con la pobreza infantil y que se regularice el precio de la luz, a la par que se acaba con las puertas giratorias.

Tal vez, de todo eso nos prevengan el PSOE y el PP, si la suma sale este próximo 10N. Evitando así que Unidas Podemos influyamos en el gobierno y queramos que se cumplan todos los artículos de la Constitución: los que hablan del derecho a la vivienda, de unos servicios públicos, de pensiones, de trabajo y no solo del 135 y el 155.

Intranquilo estará Pedro Sánchez, pero suerte que los votantes hemos entendido su mensaje y sabemos que es lo que nos jugamos en estas elecciones y a quien no debemos votar, por “nuestro” bien.

domingo, 27 de octubre de 2019

El turista de Instagram.

- "¿A dónde te quieres ir de vacaciones el año que viene?” Me preguntaba una amiga, entre plato y plato.

...

- "No, me refiero a viajes guays, lejos", me replicó ante mi lista de opciones, dado que no le gustaron.

Viajar no es una pose de Instagram, esa persona que solo busca la manida foto del atardecer en la playa, la pose casual en la piscina del resort o a los pies de la Torre Eiffel, es un turista. Se mueve por el mundo buscando estampas con las que rellenar su pasaporte virtual de Instagram, pero esas experiencias se quedan en la foto y decir que “se come mejor en España” y “qué pocas ganas tenía de volver”.

En cambio, el viajero no elige los destinos porque lo determinan las modas de las redes sociales o el último influencer. Se imbuye en ellos por lo que puede aprender, una cultura, una conversación fugaz con un desconocido, una larga sobremesa con un nativo o sostener a un bebe en un abarratodado bus local, mientras la familia del pequeño sonríe y agradece el
gesto. Viajar es querer descubrir mil vivencias, abrirte a conocer y aprender a entender como se ve el mundo en otra lengua.

Arriesgarte a sorprenderte y recibir curas de humildad y valiosas lecciones, todo eso es viajar y no resumirlo en una cuqui foto con tres hastags para tus “followers”.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Parlem

Parlem. Sí, hablemos, pero no hablemos de banderas, lazos, cólera, furia e ira. No hablemos del 155, o tanques.

Parlem. Hablemos estas semanas de los 162 desahucios diarios que hay en España (en los que la violencia también está presente).

Hablemos de porqué España tiene una inversión más baja que Noruega, Francia o Dinamarca en sanidad pública. Hablemos y debatamos de las enormes consecuencias que ello conlleva. Porque las listas de espera y la escasez de personal asociadas, no solo son un: “ya le llamaremos”. Es una lenta y angustiosa espera para resolver un problema de salud que provoca un dolor, una limitación, una frustración, una incapacidad… además de un potencial riesgo para la propia salud.

Parlem de los índices de pobreza de España. De porque la pobreza severa afecta al 6,9% de la población, la más alta registrada desde 2008. O que el 53,3% de las personas admite que tiene dificultades para llegar a fin de mes. Del 26,6% de la población española (12.338.187 personas) está en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Y que desde el año 2008, el número de personas en riesgo de pobreza se ha incrementado en unas 900.000 personas.

Hablemos de la reforma laboral, de cómo somos mano de obra barata, al servicio de un tejido empresarial que no conoce los límites. El cual, nos quiere más pobres y apuestan porque nos jubilemos a los 70 años.

Hablemos de porque aun existen los CIE´s, la Ley Mordaza y las cloacas del Estado orquestan el presente y el futuro del país.

Parlem de nuestra (impuesta) amnesia colectiva, porque aun existen cunetas y fascistas reciben honores y/o entierros magnánimos.

Hablemos de la defensa de la igualdad, del medio ambiente y de la cultura.

Parlem, hablemos sin fin y debatamos. Pero no nos perdamos en estos días de ruido y furia en ese artículo de la Constitución y debatamos de porque el resto de los artículos quedan en suspenso o son olvidados.

sábado, 19 de octubre de 2019

Pedro Sánchez y la chaquetilla de polipiel.


La hemeroteca nos trae retazos de un pasado y podemos recordar como la moda otoño/invierno de 1982 puso de moda la chaqueta de pana, como símbolo de una clase obrera que esperaba recuperar su orgullo y conciencia de clase en torno a un proyecto político y estético encarnado por el modelo Felipe González.

Con el paso de los años esa moda fue perdiendo lustre, la pana se afeó y le salieron descosidos, como la OTAN, la entrada a la Unión Europea con unas condiciones leoninas para España, la desindustrialización de muchas regiones, la corrupción, las privatización de empresas pública claves para la economía estatal y la fortaleza del Estado. Acabando muchas temporadas después, con dicho modelo sentado en un consejo de administración de una empresa. Ya no es solo la evidente traición a los principios que encarnaron esa moda del ´82, sino que además rehusó pactar con las formaciones de izquierda de su época y cerró innumerables pactos con partidos nacionalistas de derechas.

Y así, con este regusto de que la moda de los ´80, fue un mal que se debería evitar repetir. Entramos de pleno en la moda otoño/invierno de esta temporada, donde Pedro Sánchez se nos vestirá con chaquetilla de polipiel, para ganarse el favor de la clase obrera, y así hacernos olvidar que nunca quiso pactar con la izquierda. Querrá disimular los dictados (los mismos a los que respondió González) que le envían desde la derecha empresarial. Donde cualquier pacto es viable, siempre y cuando Unidas Podemos nunca esté en ellos.

Por eso, esta temporada se presenta como un intento de vuelta a la moda de los ´80 y sabemos como acabó. Así que ya sabemos que la chaquetilla de polipiel no es más que un complemento más de la derecha para disfrazar al PSOE de algo que hace años que ya no es, y en consecuencia pacte con Ciudadanos, nos aboque a la gran coalición o gobierne la derecha con total impunidad, como en la época de Rajoy y Aznar.

De esta manera, en nuestra mano está apoyar esa moda y comprarnos la chaquetilla o abocarla al olvido este Noviembre apostando por Unidas Podemos.

martes, 27 de agosto de 2019

Ya podemos irnos, yo ya he discutido


“Ya podemos irnos, yo ya he discutido”, respondió sonriente a su compañera, cuando esta le dijo que si se iban del bar ya. Así con una gran sonrisa y satisfecha de su minuto de gloria, recogió su bolso y se despidió de los presentes, llevándose con ella, el cansancio que me provocó sus peroratas, su demagogia y algún argumento reducido al absurdo.

Esta mañana he rememorado el debate y, muy pronto, me retiré de él. Era un terreno estéril y abonado a solo disparar argumentos, sin razonamiento y escasa interacción. Su fin era la necesidad de explicar(se) sus argumentos y, para ello no reparo ni en lo que se le decía, ni tuvo esa necesidad. “Vine a lucirme, y así lo he hecho”, tuvo que pensar. Y cuando se quedo a gusto, se fue.

Como se puede vislumbrar me gusta debatir, pero no debato para vencer a nadie y tampoco lo hago para llevar un conteo de victorias y derrotas, y así resarcirme la próxima vez. Sobre todo me gusta argumentar, contrastar y confrontar ideas, de las cuales al final pueden salir conclusiones nuevas, enseñanzas, nuevas visiones, etc. Pero no me gusta entrar en el mero intercambio de ideas preconcebidas y eslóganes para cuando estos se acaben, apure la cerveza y ufano me vaya a mi casa contento de mi mismo, por haber replicado frases manidas y espacios comunes, como una cacatúa. Porque estos debates solo se hacen para uno mismo, donde ella, en este caso, siente la necesidad de corroborar sus argumentos, para revalidar sus tesis y así sentir que está en lo cierto.

Por eso no tengo la necesidad de irme una vez que he soltado la perorata, y me gusta escuchar, entender y razonar con las otras personas. Términos que anoche desaparecieron, como mis ganas de debatir, hasta que dijo: “Ya podemos irnos, yo ya he discutido”.

sábado, 24 de agosto de 2019

¡Uf, que calor!


Después de pasar un mes de julio con olas de calor, largos días de insoportables 40 grados y noches de sofocante insomnio. Leemos que la temperatura media de Aragón subió 2 grados este mes pasado, que ha sido uno de los más calurosos de la historia y que además este calor asfixiante está ligado con un aumento de las Urgencias médicas, como destaca un informe del Gobierno de Aragón.

Todo esto sumado, con la escasez de lluvias, las imágenes de los polos retrocediendo y de osos vagando por Siberia buscando alimentos, nos hace entender que el clima está cambiando.

Ya no es una cosa de cuatro locos catastrofistas o agoreros. Es una realidad que los jóvenes hemos gritado esta primavera pasada y que es imprescindible que toda la sociedad civil se suma y exija a las instituciones y gobiernos, del color político que sea que actúen de forma decidida para detener esta catástrofe que hemos provocado y puede acabar con nuestro planeta y con nuestra forma de vida.

De esta manera, el mes que viene tenemos una cita histórica (y única) para demostrar a los gobiernos que nuestra conciencia e implicación por proteger el planeta y preservar su futuro es ineludible. Quedando, en consecuencia, los gobiernos obligados por nuestra posición de fuerza a ejecutar todas las medidas que tengan a su alcance para detener el cambio climático y así poder preservar el ecosistema y no acabar con temperaturas extremas, fuertes sequías y lluvias torrenciales que cambien nuestro ecosistema y forma de vida para siempre.