Recuerdo cuando con 19 años llegué a casa y le dije a mi madre que me había afiliado a una organización política. Muy seria mi madre se giró y mientras se secaba las manos, me dijo: “Hijo mío, no te signifiques.”
Realmente fue una frase que no le volví a dar más vueltas, me pareció una reminiscencia de un pasado franquista que mi madre vivió y que aun resonaba en su mente, pero esta semana no me la he podido quitar de la cabeza.
Me ha asaltado más de una vez, y cada vez estoy más convencido que lo mejor que he hecho, ha sido significarme para defender una educación, una sanidad, unos servicios públicos de calidad y accesibles, en definitiva.
Por creer que podemos vivir todos juntos, sin importar nuestro origen, o condición, por creer en la solidaridad y en la fraternidad como herramientas que mueven a la sociedad. Por salir a las plazas para gritar: “No más recortes” o “No hay pan para tanto chorizo”.
Estoy convencido de mi pasado, de mis etapas, porque son las que me han hecho llegar a donde estoy ahora y a lo que soy ahora.
Pero la realidad es que estos días me he acordado de esta frase, porque sino me hubiese significado nunca habría podido ser parte del maravilloso equipo que integra la candidatura de Podemos Equo en Fraga, y todas las personas que lo rodean. Me habría perdido muchas cosas, puede que alguna noche hubiera dormido alguna hora más, pero pasar sueño, tener ojeras y bostezar a media mañana es un precio muy bajo por compartir tantas horas, ilusión, ganas por crear este proyecto de futuro y convivencia para Fraga. Porque es lo que realmente son nuestras propuestas para estos cuatro años, un proyecto que quiere que los fragatinos nos empoderemos y hagamos entre todos de Fraga una ciudad donde podamos vivir todos juntos.
Gracias compas, por estas semanas, meses de trabajo, debates, risas (alguna nerviosa cuando se nos hacía de madrugada debatiendo o redactando), buen rollo, entusiasmo, complicidad y armonía.
Y a ti mamá, no te podré agradecer nunca todo lo que hiciste por mí, pero tal vez el único consejo malo que me diste en toda tu vida, fue que no me significara. ¡Un beso allá donde estés¡
¿por qué este nombre? hace tiempo escuché esta expresión y pretendo ser sincero, aunque sea molesto... como gatos en el estómago. bienvenidos a éste, mi experimento
viernes, 24 de mayo de 2019
viernes, 26 de abril de 2019
El folio en blanco
Lo reconozco esta semana ando con cierto desasosiego. No encuentro el catalizador que me haga acertar con la idea, el tema, o la frase que me de alas para escribir la columna. No es por pereza, siempre me ha divertido y lo he hecho con gran placer. Además de un privilegio poder expresar mis ideas (o locuras algunas) en un medio de comunicación.
Pero esta semana ha sido diferente, tal vez yo he estado distraído, sin prestar atención a que se haya reabierto el debate de la eutanasia. Tal vez tampoco haya reparado que Pablo Iglesias con su retorno ha vuelto a marcar la agenda política, y como un tsunami ha levantado algunas alfombras y ha mostrado las vergüenzas de muchos poderosos y de las cloacas del Estado. Puede que no me haya fijado en la campaña de tono bajo del PSOE, para que todo pase sin que pase nada y pueda intentar recoger el máximo rédito a su larga campaña electoral, que inició cuando llegó a La Moncloa. O que su mayor anhelo es pactar con Ciudadanos, dejando muy claro que de socialdemócrata ya tiene muy poco el PSOE.
Tal vez ande despistado y no repare en las turbulentas aguas que bajan en algún PSOE local, o me de demasiada pereza escribir sobre ello. Cómo era eso: de aquellos polvos, estos lodos.
Puede que sea eso, puede que ande despistado y esté pensando en las vacaciones de Semana Santa, con su puente, sus torrijas aderezadas de torreznos y un moscatel para acabar.
Eso sí, prometo volver con un folio tan lleno de ideas, como mi tripa de torrijas a la vuelta de Semana Santa.
Pero esta semana ha sido diferente, tal vez yo he estado distraído, sin prestar atención a que se haya reabierto el debate de la eutanasia. Tal vez tampoco haya reparado que Pablo Iglesias con su retorno ha vuelto a marcar la agenda política, y como un tsunami ha levantado algunas alfombras y ha mostrado las vergüenzas de muchos poderosos y de las cloacas del Estado. Puede que no me haya fijado en la campaña de tono bajo del PSOE, para que todo pase sin que pase nada y pueda intentar recoger el máximo rédito a su larga campaña electoral, que inició cuando llegó a La Moncloa. O que su mayor anhelo es pactar con Ciudadanos, dejando muy claro que de socialdemócrata ya tiene muy poco el PSOE.
Tal vez ande despistado y no repare en las turbulentas aguas que bajan en algún PSOE local, o me de demasiada pereza escribir sobre ello. Cómo era eso: de aquellos polvos, estos lodos.
Puede que sea eso, puede que ande despistado y esté pensando en las vacaciones de Semana Santa, con su puente, sus torrijas aderezadas de torreznos y un moscatel para acabar.
Eso sí, prometo volver con un folio tan lleno de ideas, como mi tripa de torrijas a la vuelta de Semana Santa.
miércoles, 24 de abril de 2019
Este San Jorge es nuestra oportunidad
En estas horas previas a San Jorge (cuando estoy escribiendo esta columna) me viene a la mente muchas de las carencias y necesidades que presenta Aragón a día de hoy.
Tal vez la novedad sea doble esta vez, por una parte debemos elegir un gobierno en Madrid que entienda que Aragón no es un territorio ni invisible, ni moneda de cambio y por otra parte, hace unas semanas visibilizamos la lucha de la España Vaciada. El último grito de unas regiones que se ahogan en sus dificultades sin que en 40 años ningún gobierno central o autonómico haya respondido por sus necesidades. Ni el PSOE, ni el PP, ni los partidos bisagra regionales han luchado por evitar la despoblación, la carencia de infraestructuras y de servicios públicos básicos, así como la implementación de un plan económico para reflotar la economía y garantizar el desarrollo de estas comarcas.
Como decía, con estos ingredientes no puedo evitar pensar que ya son 15 años los que llevo trabajando en esta comunidad y he visto, cómo gobierno central tras gobierno central y cómo un gobierno regional tras otro han ninguneado y olvidado las grandes necesidades estructurales de esta comunidad.
Seguimos esperando que llegue el desdoblamiento a Alcañiz, que se liberen los infames peajes hacia Navarra y el de la A2 que salpican de sangre y accidentes las vías. Necesitamos que apuesten por vertebrar Aragón de forma decidida, sin eliminar transporte público rodado, sin obviar las carencias en comunicaciones que hay en muchas comarcas, sin olvidarse de que hay municipios en los que los servicios públicos no llegan o están a más de una hora. Queremos vivir en nuestros pueblos y tener un futuro. Queremos tener un futuro en base a una economía moderna y sostenible medioambientalmente.
No queremos vaciar nuestras localidades y volver solo para las fiestas patronales.
Yo elegí vivir en Aragón, elegí vivir donde vivo y quiero tener los servicios necesarios. No somos ciudadanos de segunda clase. No queremos migajas de unos presupuestos, ni un presidente autonómico que solo mire a Madrid, mientras libra sus batallas internas.
Sin duda, esta semana tenemos la oportunidad de elegir una nueva forma de gobernar, que responda ante los aragoneses.
Es el momento de pensar que los gobiernos anteriores no nos sirvieron, pero que tampoco queremos abrir la puerta a nuevos trasvases del Ebro, como anuncia la derecha liberal y ultraderecha.
Es el momento de votar el cambio que presente a Aragón como una tierra innovadora, orgullosa de sí misma y progresista.
Por eso, no me resigno a que mi voto no cuente. Quiero que mi voto signifique el cambio. Ese cambio en el que se ponga a Aragón en el centro de las políticas, porque somos una tierra con enormes posibilidades y con ganas de demostrarlo.
Este domingo nos jugamos el futuro de Aragón.
Tal vez la novedad sea doble esta vez, por una parte debemos elegir un gobierno en Madrid que entienda que Aragón no es un territorio ni invisible, ni moneda de cambio y por otra parte, hace unas semanas visibilizamos la lucha de la España Vaciada. El último grito de unas regiones que se ahogan en sus dificultades sin que en 40 años ningún gobierno central o autonómico haya respondido por sus necesidades. Ni el PSOE, ni el PP, ni los partidos bisagra regionales han luchado por evitar la despoblación, la carencia de infraestructuras y de servicios públicos básicos, así como la implementación de un plan económico para reflotar la economía y garantizar el desarrollo de estas comarcas.
Como decía, con estos ingredientes no puedo evitar pensar que ya son 15 años los que llevo trabajando en esta comunidad y he visto, cómo gobierno central tras gobierno central y cómo un gobierno regional tras otro han ninguneado y olvidado las grandes necesidades estructurales de esta comunidad.
Seguimos esperando que llegue el desdoblamiento a Alcañiz, que se liberen los infames peajes hacia Navarra y el de la A2 que salpican de sangre y accidentes las vías. Necesitamos que apuesten por vertebrar Aragón de forma decidida, sin eliminar transporte público rodado, sin obviar las carencias en comunicaciones que hay en muchas comarcas, sin olvidarse de que hay municipios en los que los servicios públicos no llegan o están a más de una hora. Queremos vivir en nuestros pueblos y tener un futuro. Queremos tener un futuro en base a una economía moderna y sostenible medioambientalmente.
No queremos vaciar nuestras localidades y volver solo para las fiestas patronales.
Yo elegí vivir en Aragón, elegí vivir donde vivo y quiero tener los servicios necesarios. No somos ciudadanos de segunda clase. No queremos migajas de unos presupuestos, ni un presidente autonómico que solo mire a Madrid, mientras libra sus batallas internas.
Sin duda, esta semana tenemos la oportunidad de elegir una nueva forma de gobernar, que responda ante los aragoneses.
Es el momento de pensar que los gobiernos anteriores no nos sirvieron, pero que tampoco queremos abrir la puerta a nuevos trasvases del Ebro, como anuncia la derecha liberal y ultraderecha.
Es el momento de votar el cambio que presente a Aragón como una tierra innovadora, orgullosa de sí misma y progresista.
Por eso, no me resigno a que mi voto no cuente. Quiero que mi voto signifique el cambio. Ese cambio en el que se ponga a Aragón en el centro de las políticas, porque somos una tierra con enormes posibilidades y con ganas de demostrarlo.
Este domingo nos jugamos el futuro de Aragón.
sábado, 6 de abril de 2019
¿Vuestras esperanzas, nuestra fuerza?
Estaba estos días revisando los carteles y vídeos de las elecciones sindicales que tenemos en el Servicio Aragonés de Salud, este próximo jueves, y hubo varios vídeos de diferentes sindicatos que transmitían el mismo mensaje; hay un vosotros (los trabajadores) y un nosotros (el sindicato en cuestión).
Este mensaje, parte de una premisa falsa; no debería haber dicha distinción, porque los sindicatos no son un ente externo al SALUD, en este caso, si no que emanan de los trabajadores y los delegados que salgan, son trabajadores, a su vez.
Además al establecer una diferenciación entre un nosotros y un vosotros, de forma más o menos tácita, denota una escasa implicación en los problemas del SALUD, y nos dicen que los sindicatos no comparten esa problemática que dicen defender. Solo usan las elecciones para nutrir sus intereses, y negociar, esos cuatros años, con las carencias profesionales y estructurales del SALUD hasta las próximas elecciones.
Defiendo esta tesis porque votar no es una delegación de mis deseos, necesidades o iniciativas. Si no una corresponsabilidad y compromiso por ambas partes en que defendemos un proyecto común, y todos vamos a luchar (en la medida de las posibilidades y capacidades) y colaborar para llevarlo a cabo.
Este no es un caso ajeno a nuestra realidad social. Durante esta primavera, vamos a tener varias citas electorales y entre los posibles usos del lenguaje que usen para engatusarnos con cantos de sirena, este será uno de ellos.
En consecuencia, la solución a una necesidad o problema solo vendrá, por quien se implique en conocer y elaborar de forma conjunta, junto con los implicados y sin distinguir entre un "nosotros" y un "vosotros".
Este mensaje, parte de una premisa falsa; no debería haber dicha distinción, porque los sindicatos no son un ente externo al SALUD, en este caso, si no que emanan de los trabajadores y los delegados que salgan, son trabajadores, a su vez.
Además al establecer una diferenciación entre un nosotros y un vosotros, de forma más o menos tácita, denota una escasa implicación en los problemas del SALUD, y nos dicen que los sindicatos no comparten esa problemática que dicen defender. Solo usan las elecciones para nutrir sus intereses, y negociar, esos cuatros años, con las carencias profesionales y estructurales del SALUD hasta las próximas elecciones.
Defiendo esta tesis porque votar no es una delegación de mis deseos, necesidades o iniciativas. Si no una corresponsabilidad y compromiso por ambas partes en que defendemos un proyecto común, y todos vamos a luchar (en la medida de las posibilidades y capacidades) y colaborar para llevarlo a cabo.
Este no es un caso ajeno a nuestra realidad social. Durante esta primavera, vamos a tener varias citas electorales y entre los posibles usos del lenguaje que usen para engatusarnos con cantos de sirena, este será uno de ellos.
En consecuencia, la solución a una necesidad o problema solo vendrá, por quien se implique en conocer y elaborar de forma conjunta, junto con los implicados y sin distinguir entre un "nosotros" y un "vosotros".
miércoles, 27 de marzo de 2019
La enseñanza del 8M
A estas horas de este 8 de Marzo, cuando son las 23:50 y repaso un día que debería marcar otro paso más en la lucha para obtener la igualdad entre hombres y mujeres, en definitiva, un paso más para conseguir una sociedad más justa. Me quedo con diferentes escenas; el entusiasmo de muchas adolescentes que se sabían protagonistas de una gran manifestación (seguramente su primera manifestación), los cánticos que cohesionaban la amalgama de personas que hemos salido a la calle hoy para protestar contra la injusticia: mayores, jóvenes, familias con hijos y padres primerizos. Grupos de mujeres y amigas jubiladas.
En esta heterogeneidad nos hemos sentido todos cómodos y respaldados unos por los otros y no nos hemos cuestionado que la compañera de cánticos fuese asiática ,argelina o de Torrero. Puesto que lo importante era el objetivo de la lucha y la fuerza que transmitíamos como colectivo. Y en esta base precisamente, es donde hemos sido fuertes y nos hemos sentido fuertes; siendo un grupo, luchando como tal y defendiendo estos principios, desde esa perspectiva.
Ahí es donde reside la fuerza de la clase obrera, sabiendo que somos un colectivo diverso, pero con unos mismos objetivos, y aunque, nuestros modos puedan ser diferentes, en el fondo, deseamos y luchamos por lo mismo: queremos una sociedad más justa, más libre y con más futuro.
Esta debe ser nuestra grandeza y no debemos olvidarla, porque solo así conseguiremos la victoria en las batallas diarias, y en la lucha final (como dicen las viejas tonadillas).
Porque estando unidos, seremos fuertes, seremos más y no caeremos en la incertidumbre.
Porque estando unidos podemos conseguir una sociedad que responda a las necesidades de los trabajadores, más justa y con menos desigualdades sociales.
En esta heterogeneidad nos hemos sentido todos cómodos y respaldados unos por los otros y no nos hemos cuestionado que la compañera de cánticos fuese asiática ,argelina o de Torrero. Puesto que lo importante era el objetivo de la lucha y la fuerza que transmitíamos como colectivo. Y en esta base precisamente, es donde hemos sido fuertes y nos hemos sentido fuertes; siendo un grupo, luchando como tal y defendiendo estos principios, desde esa perspectiva.
Ahí es donde reside la fuerza de la clase obrera, sabiendo que somos un colectivo diverso, pero con unos mismos objetivos, y aunque, nuestros modos puedan ser diferentes, en el fondo, deseamos y luchamos por lo mismo: queremos una sociedad más justa, más libre y con más futuro.
Esta debe ser nuestra grandeza y no debemos olvidarla, porque solo así conseguiremos la victoria en las batallas diarias, y en la lucha final (como dicen las viejas tonadillas).
Porque estando unidos, seremos fuertes, seremos más y no caeremos en la incertidumbre.
Porque estando unidos podemos conseguir una sociedad que responda a las necesidades de los trabajadores, más justa y con menos desigualdades sociales.
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martes, 12 de febrero de 2019
La sanidad cuesta dinero
Dice la Ley General de Sanidad que sus objetivos son la promoción de la salud, la prevención de las enfermedades, asegurar una asistencia sanitaria en igualdad de condiciones, superar los desequilibrios territoriales y sociales, entre otros.
Luego leo la noticia que en esta última década se han despedido en España cerca de 10000 profesionales, en la sanidad pública, o que se han eliminado más de 5000 camas.
Y ahí, me entra la duda de que los gobiernos conozcan lo que dice la ley.
Porque claramente ambos preceptos son incompatibles entre sí, cuando además casi un 5% de la población ha dejado de comprar sus medicamentos por motivos económicos, en el 2017. O el gasto en farmacia ha aumentado.
¿Por qué aumenta el gasto en farmacia? ¿Influye que las listas de esperas se alarguen y el acceso a los especialistas sea más dificultoso?
¿Por qué un 5% de la población no puede comprar sus medicamentos? ¿Tiene algo que ver el copago que estableció Rajoy?
¿Por qué hay menos personal en la sanidad pública? ¿Puede menos personal, prestar el mismo servicio que antes de los despidos masivos? ¿Influye que haya más listas de esperas? ¿Repercute en que haya más gasto farmacéutico? ¿Es casual el copago farmacéutico, a la postre?
Con estos interrogantes, intuyo que la ley queda en papel mojado y muchas administraciones, de forma sistemática, han reducido sus plantillas de profesionales. De esta manera, ha recaído sobre los pacientes las consecuencias de estos recortes, en forma de un mayor coste en medicamentos, más listas de esperas...
Por otro lado, quien alega que la sanidad es un servicio deficitario, porque cuesta dinero a la Administración Pública, parte de una premisa perniciosamente interesada. Ya que obvia que la sanidad debe ser una inversión en calidad de vida, con lo que conllevaría, a su vez, menos gasto en farmacología, menos necesidad de pruebas diagnósticas, un menor número de bajas ...
Con todos estos planteamientos, podemos observar que la sanidad, no solo cuesta dinero (a los usuarios), sino que además les cuesta su estado de salud a los propios pacientes.
Por cierto, un último apunte; si la sanidad cuesta dinero y es deficitaria, ¿por qué las empresas privadas tienen tanto interés en que se privatice la sanidad pública?
Luego leo la noticia que en esta última década se han despedido en España cerca de 10000 profesionales, en la sanidad pública, o que se han eliminado más de 5000 camas.
Y ahí, me entra la duda de que los gobiernos conozcan lo que dice la ley.
Porque claramente ambos preceptos son incompatibles entre sí, cuando además casi un 5% de la población ha dejado de comprar sus medicamentos por motivos económicos, en el 2017. O el gasto en farmacia ha aumentado.
¿Por qué aumenta el gasto en farmacia? ¿Influye que las listas de esperas se alarguen y el acceso a los especialistas sea más dificultoso?
¿Por qué un 5% de la población no puede comprar sus medicamentos? ¿Tiene algo que ver el copago que estableció Rajoy?
¿Por qué hay menos personal en la sanidad pública? ¿Puede menos personal, prestar el mismo servicio que antes de los despidos masivos? ¿Influye que haya más listas de esperas? ¿Repercute en que haya más gasto farmacéutico? ¿Es casual el copago farmacéutico, a la postre?
Con estos interrogantes, intuyo que la ley queda en papel mojado y muchas administraciones, de forma sistemática, han reducido sus plantillas de profesionales. De esta manera, ha recaído sobre los pacientes las consecuencias de estos recortes, en forma de un mayor coste en medicamentos, más listas de esperas...
Por otro lado, quien alega que la sanidad es un servicio deficitario, porque cuesta dinero a la Administración Pública, parte de una premisa perniciosamente interesada. Ya que obvia que la sanidad debe ser una inversión en calidad de vida, con lo que conllevaría, a su vez, menos gasto en farmacología, menos necesidad de pruebas diagnósticas, un menor número de bajas ...
Con todos estos planteamientos, podemos observar que la sanidad, no solo cuesta dinero (a los usuarios), sino que además les cuesta su estado de salud a los propios pacientes.
Por cierto, un último apunte; si la sanidad cuesta dinero y es deficitaria, ¿por qué las empresas privadas tienen tanto interés en que se privatice la sanidad pública?
viernes, 18 de enero de 2019
Homeopatía y otras hierbas (I)
En estas pasadas fechas el gobierno central ha intentado acotar el uso de las terapias seudocientíficas en la sanidad pública. Si bien se ha centrado el tema en la homeopatía, no es la única sobre la que versaba la iniciativa.
Es un debate muy amplio, y hoy quiero solo explicar algunos puntos. Para fijar el debate y no caer en espacio comunes y tópicos. Huyendo, en consecuencia, de falsedades y mentiras interesadas.
Tal vez lo más importante sería diferenciar los principios activos de las plantas, de las seudociencias. Históricamente se ha usado los principios activos de las plantas, para paliar o curar diversas afecciones o determinados síntomas. Este principio sigue vigente a día de hoy, una infusión o unas vaporizaciones de eucalipto, son una buena terapia coadyudante.
El caso contrario, es caer en las diatribas de charlatán de mercadillo, al usar otras técnicas que sin ningún rigor o base lógica y científica, se promocionan como efectivas para sanar enfermedades. Tales como: sanaciones de aura, iridología, cromoterapia, flores de Bach o la más reputada, la homeopatía, entre otras. Ya que todas estas técnicas carecen de base científica alguna para poder demostrar que son, rigurosamente, fiables y eficaces para tratar enfermedades o síntomas.
Ahora bien, de forma muy evidente se aprovechan de las carencias que presenta la evidencia científica, a la hora de tratar determinadas patologías (sobre todo crónicas), para ofertar; productos milagro o terapias que palian síntomas, como tos, dolor, mocos...
Los profesionales sanitarios y la investigación, debemos reconocer que el manejo de determinadas patologías y síntomas, no siempre tenemos las mejores respuestas, actualmente, para dar la respuesta definitiva que espera el usuario. Pero, esto no es motivo para que permitamos o fomentemos el uso de esas terapias que no tienen beneficio alguno sobre el estado de salud del paciente. Sino que debe ser un acicate para ahondar en la búsqueda de esa solución que no se tiene, en este momento.
Otra de las críticas que se vierten, es la "perversidad" de la industria farmacéutica (la hemeroteca coloca a cada empresa en su lugar), pero esto no desliga que lo "alternativo" no sea otra industria que genera importantes beneficios. Pero, en lo sustancial, estar a favor de la ciencia y de la investigación científica, significa, a la vez, que debemos ser críticos, tanto con las prácticas, como con los productos que presentan las farmaceúticas.
Sin duda, es una tema apasionante que da para muchas horas de debate. Creo que desde la sanidad estamos obligados a abordarlo, desde la serenidad y los datos objetivos. Por eso, seguiré desgranándolo, columna a columna en venideras fechas.
Es un debate muy amplio, y hoy quiero solo explicar algunos puntos. Para fijar el debate y no caer en espacio comunes y tópicos. Huyendo, en consecuencia, de falsedades y mentiras interesadas.
Tal vez lo más importante sería diferenciar los principios activos de las plantas, de las seudociencias. Históricamente se ha usado los principios activos de las plantas, para paliar o curar diversas afecciones o determinados síntomas. Este principio sigue vigente a día de hoy, una infusión o unas vaporizaciones de eucalipto, son una buena terapia coadyudante.
El caso contrario, es caer en las diatribas de charlatán de mercadillo, al usar otras técnicas que sin ningún rigor o base lógica y científica, se promocionan como efectivas para sanar enfermedades. Tales como: sanaciones de aura, iridología, cromoterapia, flores de Bach o la más reputada, la homeopatía, entre otras. Ya que todas estas técnicas carecen de base científica alguna para poder demostrar que son, rigurosamente, fiables y eficaces para tratar enfermedades o síntomas.
Ahora bien, de forma muy evidente se aprovechan de las carencias que presenta la evidencia científica, a la hora de tratar determinadas patologías (sobre todo crónicas), para ofertar; productos milagro o terapias que palian síntomas, como tos, dolor, mocos...
Los profesionales sanitarios y la investigación, debemos reconocer que el manejo de determinadas patologías y síntomas, no siempre tenemos las mejores respuestas, actualmente, para dar la respuesta definitiva que espera el usuario. Pero, esto no es motivo para que permitamos o fomentemos el uso de esas terapias que no tienen beneficio alguno sobre el estado de salud del paciente. Sino que debe ser un acicate para ahondar en la búsqueda de esa solución que no se tiene, en este momento.
Otra de las críticas que se vierten, es la "perversidad" de la industria farmacéutica (la hemeroteca coloca a cada empresa en su lugar), pero esto no desliga que lo "alternativo" no sea otra industria que genera importantes beneficios. Pero, en lo sustancial, estar a favor de la ciencia y de la investigación científica, significa, a la vez, que debemos ser críticos, tanto con las prácticas, como con los productos que presentan las farmaceúticas.
Sin duda, es una tema apasionante que da para muchas horas de debate. Creo que desde la sanidad estamos obligados a abordarlo, desde la serenidad y los datos objetivos. Por eso, seguiré desgranándolo, columna a columna en venideras fechas.
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