¿Por qué creemos que no hay alternativa?
¿Por qué creemos que Europa y el mundo, sólo pueden ser liberales o “azul”?
¿Por qué sólo concebimos como izquierda el comunismo, y en consecuencia lo consideramos extinto desde la caída del muro de Berlín?
¿Por qué no somos capaces de ver que el actual estado del bienestar es herencia directa de las políticas socialdemócratas?
Me opongo a pensar que sólo nos quede ir a llorar por las esquinas. Los socialistas deberíamos ver que los tics y vicios que hemos asumido de las políticas liberales han hecho que poco a poco, nuestro mensaje se difumine, pierda credibilidad y se debilite ideológicamente.
En parte este viaje de la izquierda ha permitido que la derecha se apropie de gran parte del electorado y de los pilares de la lucha ideológica de la izquierda.
Mas es duro pensar que la izquierda está esperando su defunción. Me resigno a caer en este escenario, no por sentimentalismo, sino por convicciones, por ideas, por valores, por el compromiso con los iguales, con los compañeros, con los trabajadores.
No podemos olvidar cual es nuestro mensaje, quienes son los que han confiado una vez en nosotros y a que intereses respondemos. Debemos ser consciente que la izquierda no debe pasar a ser considerada una reliquia del pasado, un elemento decorativo en el parlamento, o una denominación vacía de contenido.
Nos debemos a un programa, una ilusión y una esperanza, por una sociedad más justa, más igualitaria, más comprometida, más solidaria…
No podemos pensar que la izquierda es prescindible, cuando suenan lúgubres ecos que nos piden que la cuerda se rompa por el extremo del trabajador y nuestros derechos.







